Cuando planificamos la incorporación a nuestro campo de una pradera perenne, pensamos lógicamente en obtener un buen aprovechamiento de la misma, o sea la mayor cantidad de pasto de buena calidad, durante el mayor tiempo posible.
Si ello lo podemos realizar durante cuatro o cinco años como mínimo, tendremos recompensado con creces el elevado costo inicial de su implantación.
Por eso es importante no descuidar ningún aspecto, tanto en lo referente a la siembra como al manejo o aprovechamiento futuro que realicemos a la misma.
Lamentablemente son pocas las pasturas que producen abundante forraje de calidad durante mucho tiempo.
Se pueden enunciar distintos factores para que ello ocurra, entre otros el desconocimiento de un correcto pastoreo inicial, (primer pastoreo), que mal realizado, ocasiona muchas pérdidas de plantas.
Para evitar dicho inconveniente es importante señalar, en primer lugar, que las primeras plantas (plántulas) dedican sus primeros esfuerzos en desarrollar su sistema radicular.
El crecimiento de las hojas es menos intenso al principio, pero adquiere mayor ritmo al acercarse la primavera, (días más largos con más temperatura).
Si nos referimos a especies gramíneas forrajeras como pasto ovillo, festuca, falaris, raigrás, cebadilla, agropiro, sembradas puras o en mezclas entre ellas, consociadas o no con las leguminosas forrajeras de uso común en nuestra región: trébol blanco, trébol rojo, lotus, melilotus o incluso alfalfa, el pastoreo inicial debe realizarse cuando las plantas tengan aproximadamente 15 cm. de altura, estén bien arraigadas, y el piso del potrero sea firme.
Una manera de orientarse para saber si las plantas de la pastura estén suficientemente arraigadas y no serán arrancadas por los animales es tirando de las mismas con la mano, imitando el movimiento envolvente de la lengua del vacuno, semejando el efecto del pastoreo y, si no se arrancan podemos comenzar a usar la pastura.
Este uso debe realizarse con una alta carga animal, por un corto período de tiempo, teniendo la precaución de sacar los animales cuando las plantas tengan unos 5 cm. de altura. Un pastoreo más agresivo provocaría una disminución del rebrote.
Los logros que se alcanzan con este pastoreo son:
1- Que afirme más el terreno, facilitando el mejor arraigo de las plantas
2- Se eliminan malezas anuales.
3- En algunas especies, se produce un mayor macollaje al ser comidas.
4- Se permite el acceso de la luz, favoreciendo a las especies de lento crecimiento y menor porte, como es el caso del trébol blanco.
Considerando tanto este primer pastoreo como los siguientes, debemos aclarar que hay especies que soportan una mayor presión de pastoreo,(incluso por debajo de los 5 cm. recomendados), por tener sus órganos de reserva en raíces y bulbos subterráneos, como es el caso de raigrás y falaris respectivamente, mientras que hay otras que se verían afectadas por acumular sus reservas en base de tallos y base de tallos y hojas como el caso de festuca y pasto ovillo.
Alfalfa, lotus, trébol rojo,(concentran reservas en la corona), y trébol blanco,(lo hace en raíces y estolones), tampoco se ven demasiados afectados por pastoreos intensos.
El manejo que hagamos de las pasturas en su primer año, nos tiene que permitir lograr un buen tapiz,(cobertura del suelo), para evitar el desarrollo de las malezas y posibilitar un buen estado de las plantas, con el fin de soportar sin sufrir, las altas temperaturas del verano.
Como premisa fundamental debe recordarse que en el primer pastoreo tenemos que pensar en satisfacer las necesidades de la pastura antes que las de los animales.
Ing. Agrónomo Ignacio Rípodas
INTA Dolores
EEA Cuenca del Salado
Imagen Ilustrativa